Ramón Sánchez. Al rescate... de los arranes

Ramón Sánchez. Al rescate... de los arranes

El menú era atractivo por demás: El Cid le ponía una marcha más a su puesta a punto en un escenario legendario, Villalobillos, donde Ramón Sánchez Recio y sus hijos, ese era el otro aliciente, han acudido al rescate de los arranes del abuelo don Ramón para devolverles a donde ya estuvieron, a las ferias. Todo eso ponía en danza un manojo de nombres célebres: al propio Cid tan en candelero con el mano a mano con victorinos y Morante en la feria; Villalobillos, escenario de leyendas y saraos ahora dedicada a la apasionante tarea de salvar un encaste con fama de muy bravo y mucha historia detrás; el recuerdo del viejo don Ramón, irónico e hiriente con quienes no eran amigos, maestro liando picadura y tan propio como nadie, autor de un auténtico imperio económico; los gracilianos de Arranz que trajo precisamente don Ramón desde su Salamanca natal a Córdoba; a su hijo, Ramón, actual ganadero, veterinario y aficionado práctico de los que alternaba con las figuras del toreo en las plazas de más relieve. Y unos cuantos nombres más que acabarían saltando a la palestra en una jornada cargada de la mejor torería. Dicho lo dicho, ahora cabría decir aquello de pasen y… lean.


Yo había estado en lo de Ramón Sánchez acompañando a Navalón y a Enrique Moratalla alguna mañana de feria de Sevilla, va para un montón de años, cuando aprovechábamos las mañanas -esos días convertidas en madrugones- para torear y tiempo después con Paco Dorado, tan amigo de la casa desde siempre y con el Paula, en los pocos días que ellos dos anduvieron de torero y apoderado, pero siempre acudí a Alamiriya que era donde se tentaba y donde don Ramón atendía a los invitados. En esta ocasión ha sido en Villalobillos, finca que fue de El Cordobés, famosa entre otros motivos porque allí acudieron los más grandes empresarios del momento a rogarle a Benítez que no se retirase y acabaron simbolizando todo lo prometido y acordado firmando en la almohada sobre la que había recapacitado Benítez como si Benítez en aquellos tiempos recapacitase mucho.


He llegado con Agustín Arjona. En la primera portera un cartel anuncia Villalobillos, propiedad de Ramón Sánchez, digo yo que será para que no queden dudas de quién es aquello. Y añade Ganado bravo. Las dos cosas son verdad. Hemos venido por toda la vega y no hace mucho que hemos perdido de vista el Guadalquivir. De camino me han impresionado los naranjales de Almodóvar y Palma del Río, en realidad no dejé de ver naranjas desde que salí de Sevilla. Me cuentan que varias de esas fincas gigantescas que tanta competencia hacen a las naranjas de mi tierra están precisamente en manos de ricos naranjeros de Valencia que, visto el mercado y la calidad de esas tierras, se posicionaron en un lado y otro de la batalla comercial. Imagino que su olor a azahar llegará en plena primavera hasta los cercados de Villalobillos donde, por cierto, sobra el agua que nace por su pie en diversos veneros naturales que no hacen otra cosa que mejorar el tesoro de su buen suelo.