Daniel Ruiz. Una pasión desbocada

Daniel Ruiz. Una pasión desbocada

Estamos en el Cortijo del Campo, Alcaraz, casa de Daniel Ruiz. Juli ha llegado directo desde Madrid. Tal y como cuentan que hacía Joselito el Gallo cuando llegaban los tragos de compromiso. Sobre todo si un día no había habido gracia. De la plaza al hotel y del hotel al campo. Ni una broma, ni una fiesta, ni una concesión. No hay más que toro y toreo. Y uno mismo. Me gusta la postura, tanto como me joden los toreros que tras el fiasco sólo alcanzan a repartir culpas o los que recuperan pronto la sonrisa. Juli ha llegado furioso por mucho que lo niegue, cuestión de cortesía y amor propio a partes iguales, pero se le adivina el disgusto, se nota que sigue pensando en Madrid, en lo que fue y en lo que no pudo ser y el cuerpo le pide revancha, su mente apunta a su próximo paseíllo en la capital.


Cuando salga esta entrevista ya habrá cumplido su segunda tarde en Madrid, Dios quiera que haya podido aflojar el gesto y hasta soltarle las amarras a la sonrisa de la satisfacción. ¡Ojalá! pero hoy yo lo que quería era contarles su reacción después del chasco de los fuenteymbros. Aquel día nada pareció salir según lo previsto. Así que no pudimos verles, ni a él, ni a los compañeros ni a los fuenteymbros de los que tanto se esperaba ese día.

Así arrancaba un reportaje en el Cortijo del Campo, allá por mayo de 2006, horas después de que Juli no hubiese tenido suerte en su primera comparecencia en el San Isidro de ese año. El Cortijo del Campo son los pagos de la familia Ruiz, en la sierra de Alcaraz, dehesa referencial de la comarca por su feracidad -aquí los ganados están gordos y lustrosos de natural- pero también por la personalidad arrolladora de su propietario y sus descendientes que ya van por tres ediciones diferentes de Danieles desde que los jandillas llegaron al Cortijo del Campo, tres que contando al fundador de la casa en los albores de la ganadería cuando todavía no se estilaba, ni siquiera se pretendía eso de que las vacas y los toros hiciesen un surco por la arena, son cuatro: Ruiz Navarro, Ruiz Yagüe, Ruiz Sanchis y Ruiz Dávila.


La finca está partida por la carretera que llamamos de Andalucía, la de Albacete/Bailén. A un lado queda el cortijo y la vega, al otro la placita de tientas, el embarcadero, los cercados de los toros, la parte más quebrada, Las Cabezas, El Cortijo de la Alejandra, la carretera que lleva a Vianos y los salones para fiestas, banquetes y convenciones, lo que los economistas llaman ingresos atípicos, en este caso bajo la dirección de Alicia hija, otra Ruiz en el grupo con personalidad ganadora.