Del Ventorrillo al Montecillo. Bravos los toros, bravo el ganadero

Del Ventorrillo al Montecillo. Bravos los toros, bravo el ganadero

Amanecía en Los Yébenes. Montes de Toledo. Vamos camino del Ventorrillo. La finca a la que Paco Medina ha puesto en la ruta de lo bravo. Esa es su mayor satisfacción. Por encima incluso de sus éxitos profesionales. O de las cuentas bancarias. O de las hectáreas que pueda haber reunido. El bravo en el caso de Paco Medina, como en el de tanto otros, o no tantos, acaba siendo el colofón a una vida. Ya no importan los números, sólo el éxito. Darse el gustazo.


Un personaje este Paco Medina. De entrada me asegura que no está preparado para el fracaso. Que en su filosofía de vida sólo cabe el éxito. Y si se trata de su ganadería, a la que está entregado en cuerpo y alma, todavía más.


-En una corrida mía dos o tres toros tienen que romper. Estoy seguro. Tanto que cuando no sucede me hace mucho daño. No estoy preparado para esos tragos.


-Digamos que te quita el humor.


-En realidad me hunde en la miseria. Me baja la moral no sabes como. Es que yo soy de los que sacan mucho pecho, soy muy visceral, y como sé que hay mucha gente esperando para alegrarse pues aún me joroba más.


Y todo seguido nos hemos puesto a hablar de su paso por Sevilla. Donde si bien es verdad que no hubo gloria, lo reconoce, se resiste a llamarle fracaso. En su contra jugaron, dice y es verdad, sus propios antecedentes, -el año pasado soltó una gran corrida que obligaba a mucho y éste por comparación se llegó a la decepción- y encima Victorino la víspera puso el listón de esta feria por las nubes y la comparación volvió a castigarle. Paco añade que la corrida no estaba preparada.