Laurentino Carrascosa. Son y tranco

Laurentino Carrascosa. Son y tranco

-Tú eres un hombre bondadoso, Laurentino.


-Lo intento.


-Y quieres que tus toros sean bondadosos.


-Quiero que tengan son y tranco. Y no renuncio a la bravura, naturalmente, pero son y tranco son la clave.


La sencillez del argumento contiene un compendio tremendo de una filosofía ganadera muy concreta que en esta casa se tiene por definitiva: son y tranco. Estamos en Los Manantiales, donde hemos llegado desde El Castañar. Es dehesa cargada de leyenda, habla su propietario, Laurentino Carrascosa. Esta historia ganadera la arrancó a finales de los años veinte su padre, Laurentino Carrascosa, de Alcázar de San Juan, hijo de labradores y por aquel tiempo novillero de cierto nombre y corto vuelo al que llegaron a anunciar como “valiente novillero alcazareño, especialista del volapié”. Así al menos reza uno de los carteles murales que decoran la casa y pese a lo cual no llegó muy lejos sin que ello le menguase la afición ni los honores.


-Lo que sí tuvo, enfatiza su hijo, es una precioso pasodoble que le compuso el maestro Teixidor. Se titula Carrascosa y se interpreta en muchas plazas de toros, entre ellas la Maestranza y la de Bilbao. A mí me emociona cada vez que suena. Es bonito, propio de una gran figura del toreo.


En aquel tiempo los Montes de Toledo acogían numerosas ganaderías de bravo, la de Veragua, la de Marcial, la del Conde de Casal, la de Luis Eizaguirre… entorno y ambiente que enamoraron al joven torero de Alcázar hasta el punto que una vez retirado volvió sobre los pasos de sus sueños y allá por los años cuarenta compró El Molinillo y se hizo ganadero de bravo. Primero tuvo la vacada de Ignacio Cobaleda y luego, en 1956, compró lo de Garro y Díaz Guerra, puro santacoloma, divisa muy del gusto de Litri y Aparicio con la que se anunciaron muchas tardes.