Conde de Mayalde. Contreras y Domecq, feliz maridaje

Conde de Mayalde. Contreras y Domecq, feliz maridaje

Es como una aparición. De pronto vacas coloradas, mulatas, negras como las moras unas, sardas o chorreadas otras, de aparatosa arboladura todas, atentas a los extraños, gordas como cochinos y celosas de su territorio enmarcado por la imagen fantástica de un palacio escocés. Es verdad pero hay que pellizcarse para creerlo. Sí, estamos aquí al lado, a menos de una hora de Madrid, en Toledo, una planicie al pie de sus célebres Montes, poblada de fresnos y encinas. Los cencerros de los cabestros que pastan displicentes y el aleteo de las perdices que levantan el vuelo nos acaban de situar. Fantástico el concierto: esquilas, zureos, algún graznido aislado y cortante como si doblase palmas desde las alturas y al fondo, a compás, el turreo de los sementales en celo. Todo en un tempo muy pausado, muy del campo. ¡Que lo graben! Es Toledo no es un sueño. O quizás es un sueño en Toledo. Ha sido llegar y la mano extendida del ganadero da confianza.


No se trata de un descubrimiento, ya se les conocía y hasta se les esperaba, pero sí es una feliz recuperación. En las últimas temporadas los toros del Conde de Mayalde han recobrado el mejor de los protagonismos y vuelven a ocupar puestos destacados. El ganadero que ha firmado el milagro se resiste a echar las campanas al vuelo: No hay que sacar pecho, insiste. Su objetivo ahora es mantenerse. No es poco estando donde están.


-Yo busco el toro auténticamente bravo que es el que transmite. Un toro con nobleza, claro. Los dos conceptos van muy unidos teniendo en cuenta que el toro es bravo porque se entrega, porque se ciega con el engaño. Así al menos es como lo entiendo yo.


Así define Rafael Finat, actual Conde de Mayalde, su toro ideal y su tarea como ganadero en la búsqueda de la bravura.